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Después de recibir una dosis de la vacuna contra la COVID-19, el sargento Rogelio Jara, a la derecha, entrega una tarjeta de registro de vacunación a Manuel Díaz, el 19 de abril, en el Centro Comunitario de Vacunación en State Fair Park en Yakima.

Durante el curso de la pandemia y mientras luchabámos para contener el virus y salvar vidas, esperábamos con muchas ansias la llegada de las vacunas. Gracias a los avances de la ciencia, la labor de los científicos y la colaboración de miles de voluntarios que participaron en las diferentes fases de los estudios requeridos para la aprobación de las vacunas, en diciembre de 2020, la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) autorizó el uso de las 2 primeras vacunas en los Estados Unidos: Pfizer y Moderna. A estas se sumó la vacuna de Johnson and Johnson, autorizada en febrero.

Desde la aprobación de las vacunas se desplegó una enorme campaña de vacunación en nuestro país. Debido a la escasez inicial de las vacunas, al comienzo se priorizó la vacunación de los grupos de alto riesgo y personal de primera línea de defensa. Más adelante, gracias a mejoras en la producción y abastecimiento, la elegibilidad de vacunación se extendió a todos los adultos y en las próximas semanas se ampliará a los adolescentes mayores de 12 años.

Gracias a estos esfuerzos, la incidencia de nuevos casos y la mortalidad por COVID-19 han mejorado. Según datos de los CDC, en nuestro país se ha logrado vacunar completamente a más de 115 millones de personas, alrededor de 43 % de la población. Sin embargo, en los últimos días se ha notado un descenso en las vacunaciones diarias.

Desafortunadamente, las metas de vacunación se ven afectadas por la resistencia de un gran sector de la población a vacunarse. En algunos estados la cantidad de vacunas disponibles exceden al número de interesados y muchas de estas dosis se han tenido que enviar a otros estados o descartarse.

¿Cuáles serían las consecuencias de no vacunarse?

No podremos alcanzar la inmunidad colectiva (conocida como la inmunidad de rebaño). Según la OMS, esto requiere que alcancemos por lo menos 65-70% de inmunizados (protegidos contra la enfermedad). Solo en esas condiciones el virus no tendrá suficientes personas desprotegidas para infectar y seguir propagándose.

No podremos detener los contagios y el surgimiento de nuevas variantes. En estos días somos testigos de la catástrofe que causa la COVID-19 en India y Latinoamérica. En parte se atribuye este curso a la aparición de nuevas variantes. En Estados Unidos ya hemos tenido variantes locales de gran impacto, en Nueva York y California. Si permitimos que el virus siga multiplicándose tendremos nuevas variantes locales que podrían ser mortales.

Arriesgaremos la salud innecesariamente. Se ha notado que las nuevas variantes afectan y causan enfermedades severas en personas más jóvenes, muchas de ellas consideradas previamente saludables y de bajo riesgo.

Comprometeremos la salud de nuestros seres queridos y nuestra comunidad. No estar vacunado lo podría convertir en portador del virus y, si se trata de una nueva variante más agresiva, la podría transmitir a sus seres queridos quienes podrían desarrollar un cuadro severo y fatal.

Retardaremos el retorno a la vida normal. En algunos países, como Israel, donde se ha logrado vacunar cerca del 60% de su población, muchas de las restricciones se han levantado y la población ya retoma sus rutinas habituales.

Recuerde que las personas que se vacunan no solo lo hacen para protegerse individualmente, sino también para evitar que el virus se perpetúe y siga infectando al resto de la familia, amigos y comunidad en general.

Las vacunas autorizadas en nuestro país son seguras y han pasado por una evaluación de seguridad y eficacia antes de su aprobación. Si tiene algunas dudas respecto a las vacunas, consulte con su médico o profesionales de la salud. Vacunados todos, podremos vencer esta pandemia y retornar a nuestra vida habitual.

El Dr. Óscar Bailón es cardiólogo en Washington University en Seattle. Su columna representa su opinión y no necesariamente la opinión editorial de El Sol de Yakima.

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