190711-es-news-citizenshipceremony

Nuevos ciudadanos estadounidenses juran lealtad a Estados Unidos durante la ceremonia de ciudadanía efectuada en edificio federal William O. Douglas en Yakima, el 3 de julio.

Xóchitl Flores, con flauta en mano, se sentó al lado de sus compañeros de la Banda comunitaria del Valle de Yakima mientras tocaban piezas musicales patrióticas en la ceremonia de naturalización en el edificio federal William O. Douglas.

Las melodías sonaban ante 23 personas que se hicieron ciudadanos estadounidenses el 3 de julio y que celebraban agitando banderitas. Flores, quien nació en México y se hizo ciudadana hace 13 años, se contagió del gozo en la sala.

“Fue emotivo”, expresó al referirse a su propia ceremonia de naturalización, pero esta vez en el primer piso de la Corte de Distrito de Estados Unidos del Distrito este de Washington. “Nunca pensé tener esa experiencia de nuevo”.

Ese día, el segundo piso del salón de la corte, donde usualmente se realizan audiencias y juicios, atrajo a adultos y niños ansiosos por felicitar a los nuevos ciudadanos.

La jueza magistrada Mary Dimke presidió la ceremonia y el juramento de lealtad a Estados Unidos a personas de 10 países: Argentina, Canadá, China, Colombia, Etiopía, Guatemala, Irak, México, Filipinas y Ucrania.

Estos nuevos ciudadanos forman parte de los cerca de 7 mil 500 nuevos ciudadanos estadounidenses en todo el país que participaron en alrededor de 110 ceremonias de naturalización, según informó la oficina de Servicios de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos.

“Una cosa que hace grande a nuestro país es su diversidad. Hoy celebramos esa diversidad”, dijo Dimke. “Felicitaciones y bienvenidos”.

Convertirse en ciudadano estadounidense podría tomar años. El proceso comienza con enviar la solicitud con un costo de $725. Entre varios requisitos, los inmigrantes deben tener 18 años o más, haber vivido en Estados Unidos por al menos cinco años como residentes permanentes (o tres para quienes están casados con ciudadanos estadounidenses) y no tener problemas con la ley.

Aunado a esto, algunos inmigrantes deben aprender a escribir y a leer en su propio idioma, al mismo tiempo que estudian inglés.

“Se han ganado el derecho de estar aquí a través de su arduo trabajo, su determinación y su paciencia”, dijo Dimke. “Esas cualidades les van a servir ahora que son ciudadanos estadounidenses”.

Familiares y amigos sostenían sus teléfonos celulares —normalmente prohibidos en la corte federal — para tomar fotos y videos. Después de que Dimke dio el juramento ante el grupo, cada nuevo ciudadano recibió su certificado de naturalización.

La Banda comunitaria del Valle de Yakima ocupó el lugar que regularmente está destinado para jueces. La banda cumple 100 años este año, un hecho que mencionaron al principio de la ceremonia. Los invitados también aprendieron sobre la conexión especial de Flores con la celebración de ese día.

Flores llegó a Estados Unidos en 1992, cuando tenía 26 años, buscando una vida mejor, dijo.

En 2006, se hizo ciudadana estadounidense. Hace tres años concluyó su profesión en música en Central de Washington University. Ahora trabaja como maestra sustituta.

“Era importante que abrazara la cultura. Me han dado tanto”, era tiempo que lo devolviera como ciudadana estadounidense, dijo Flores.

Por su parte, Hasmukh y Rekha Mistry, tomaron unos minutos para completar el papeleo necesario para votar tras escuchar el llamado de la jueza para que los nuevos ciudadanos ejerzan su derecho al voto. Ellos y otra pareja recibieron juntos la ciudadanía estadounidense.

Los Mistry’s tienen 44 años de casados, tres hijas y viven en Kennewick. Son originarios de la India y se mudaron a Canadá, donde recibieron la ciudadanía antes de mudarse a Estados Unidos hace aproximadamente 23 años para comenzar en el negocio hotelero en Umatilla, Oregon.

“Nos naturalizamos muy tarde”, dijo Hasmukh Mistry. “Compramos un negocio en Umatilla y nos damos cuenta que hemos pasado 23 años aquí”.

Load comments