Familia Ramos

María e Ignacio Ramos muestran un retrato familiar de principios de hace 19 años en la sala de su casa en Sunnyside, el 3 de junio.

Familia Ramos

Ignacio y María Ramos, al centro, en una reunión con sus hijos en su casa, en Sunnyside, el 3 de junio.

Ignacio y María Ramos crecieron en pequeños pueblos de México, donde no había muchas oportunidades de educación.

Cuando Ignacio terminó el último grado de escuela disponible para él, tercer año, repitió el curso para continuar estudiando. Con el tiempo, el personal escolar lo retiró de la clase.

María, quien años más tarde conoció a su esposo de más de 40 años en los campos del Valle de Yakima, acudió a la escuela hasta sexto grado en su pueblo natal. Para estudiar la secundaria, ella debía viajar a otra ciudad por una hora y media, de ida y vuelta, algo que deseaba hacer, pero su padre no le permitió, expresó.

“Dijo: ‘No, es demasiado caro. No tenemos dinero. Tienes que ayudarnos en el campo”, recordó la mujer de 60 años. “Quiero (quería) ser algo como una enfermera”. Pero no fue así.

María e Ignacio trabajaron duro en los campos y con el tiempo emigraron a Estados Unidos, donde se conocieron, se casaron y tuvieron 12 hijos. Ellos albergaron la esperanza de una educación más brillante para sus hijos y en profesiones fuera del trabajo agrícola.

“Siempre quise que mis hijos tuvieran una oportunidad mejor que yo. Todo lo que pedí en ese entonces era que el hijo que tuviera menos educación, al menos tuviera su diploma de preparatoria”, dijo Ignacio. “Ese fue mi único deseo y Dios me dio mucho más”.

Familia Ramos

Ignacio y María Ramos, al centro, en una reunión con sus hijos en su casa, en Sunnyside, el 3 de junio.

Todos sus hijos se graduaron de la preparatoria. Algunos ingresaron en el campo de la medicina, otros en educación, un hijo tiene su empresa de construcción y edificó el nuevo hogar de sus padres.

Hace unos días, la familia celebraba la graduación de Blanca Hernández, egresada de Yakima Valley College.

Blanca y sus hermanos atribuyen sus logros, en parte, a la fuerte ética de trabajo y aprecio por la educación que les inculcaron sus padres. Muchos de ellos crecieron trabajando en los campos, pero antes que sonara el timbre de la escuela, ya estaban sentados para tomar la clase.

“Nuestros padres dejaban de hacer lo que estaban haciendo para asegurarse de que estuviéramos en la escuela antes de las 7:45 (a.m.) ... y luego regresaban a los campos”, comentó Silvia Ramos, de 41 años, la segunda hermana mayor de la familia y fundadora de una firma de contabilidad local.

Los hermanos también elogian a su hermana Lucy Tovar, de 39 años, la tercera, por tomar clases universitarias en la preparatoria y obtener una beca completa para estudiar en UCLA, ella fue la primera universitaria de la familia. Dicen que puso un ejemplo para los otros.

Los programas destinados a estudiantes de primera generación y migrantes también les ayudaron a superar las barreras y acceder a programas después de la escuela, dijeron.

Los 12 hermanos decidieron vivir en el área de Sunnyside y ven su vida laboral como una oportunidad para pagar la ayuda que recibieron en el camino.

“Es una especie de círculo, donde nos relacionamos con la comunidad a la que servimos”, dijo la hermana menor de Blanca, Yesenia Ramos, de 27 años, quien trabaja con estudiantes en terapia de lenguaje.

“No esperaba volver y pagarlo por adelantado ... (pero) brindo estos servicios a familias y comunidades desfavorecidas”.

Retrato de la familia Ramos

María e Ignacio Ramos muestran un retrato familiar de principios de hace 19 años en la sala de su casa en Sunnyside, el 3 de junio.

Blanca no es la excepción.

En 2011, obtuvo su título de asociado en artes en Yakima Valley College en Toppenish, antes de salirse para trabajar. En 2016, regresó a la escuela con la ayuda del programa TRiO, que apoya a estudiantes de primera generación, como ella, a acceder a la educación superior y cubrir el costo de cursos iniciales y libros de texto.

Blanca se aferró a la escuela mientras criaba a sus cuatro hijos, trabajaba como tutora de español en la universidad y como asistente administrativa en una organización local de prevención de sustancias, Sunnyside United-Unidos.

A través de su trabajo, aprendió acerca de un grupo de prevención de sustancias en Sunnyside High School, donde comenzó como voluntaria con adolescentes, explicó. Poco después, ayudó a los estudiantes a mantenerse libres de drogas o a comprometerse a no fumar cigarrillos.

El trabajo voluntario se convirtió en una pasión. Ahora Blanca completará un certificado en asesoramiento sobre dependencia química. Ella espera graduarse para ayudar a los jóvenes y adultos de Sunnyside en prevención de sustancias y asesoramiento sobre adicciones.

“Me siento muy orgullosa”, dijo María al referirse a Blanca y a sus otros hijos.

Ignacio hizo eco de esos comentarios: “Tengo que agradecerles a mis hijos porque eligieron la educación. Nosotros no tuvimos la oportunidad que tenían, aprovecharon las oportunidades que tuvieron para educarse”.

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