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Después de llenar su bolsa, Francisco Preciado deposita con cuidado las manzanas Gala en un contenedor, el 27 de agosto en Márquez Farms en Wapato.

Cincuenta centavos cuentan mucho en la industria agrícola, más cuando ese dinero puede representar que un trabajador deje el empleo en una huerta para aceptar otro en un lugar diferente.

Por esa razón, Sergio Márquez, propietario de Márquez Farms en Wapato, trata de mantener los salarios competitivos durante la cosecha de manzana, entre 23 y 30 dólares por contenedor, “dependiendo de la variedad”, explica. La variedad Red Delicious es la excepción, “porque es la más fácil de piscar”, describe, esa la paga a 19 dólares, pero la Fuji, por ejemplo, a 30 dólares.

Sostener sus salarios al tope para competir en el mercado laboral le permite tener la mano de obra que necesita para recolectar las manzanas en las más de 500 hectáreas de su propiedad.

“No hay suficiente gente local para hacer los trabajos porque la gente no está aquí. Entonces, tenemos que pagar más dinero para que vengan”, comenta.

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Sergio Márquez, propietario de Márquez Farms, durante la cosecha de manzanas Gala, el 27 de agosto, en Wapato.

Hace una semana, Márquez comenzó a cosechar la manzana Gala con menos de la mitad de trabajadores de los que normalmente contrata. Su esperanza para atraer más personas estaba puesta en los empleados que retuvo haciendo varias labores antes de la cosecha, como la poda, por ejemplo, y en campesinos que regresan cada año a laborar en su huerta.

Márquez no está solo en esto. La escasez de campesinos es cada año un problema más serio para productores agrícolas del Valle de Yakima, especialmente para pequeños productores que dependen de la fuerza laboral local para levantar sus cosechas y ya no de trabajadores migrantes que venían del sur del país. Tampoco pueden contratar trabajadores huéspedes, pues son demasiado costosos para ellos.

En similar situación se encuentran cinco pequeños productores agrícolas locales que forman parte de la cooperativa que lidera Márquez, que lleva 6 años en funciones y que se organizó para hacerlos “más fuertes”.

Márquez atribuye la falta de trabajadores a las políticas de inmigración recientes en el país. En el gobierno del presidente Barack Obama y bajo el programa de Familias Seguras “se llevaban a gente inocente y se reforzó la frontera”, asegura el productor. Y sobre la administración del presidente Trump, ya había predicho que sería más difícil que la mano de obra extranjera llegara hasta el condado.

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Isaías Márquez corta manzanas Gala en una huerta de Márquez Farms, el 27 de agosto, en Wapato.

En 2004, cuando Márquez adquirió su huerta y comenzó como productor agrícola, luego de varios años como trabajador, “había mucha gente (trabajadores) porque era fácil cruzar la frontera”, dice.

Y el productor sabe de lo que habla. Un estudio reciente del Centro de Políticas de Washington publicó un reporte en el que se encuestó a productores agrícolas en el estado, este refleja que el 96 por ciento de las huertas han experimentado “interrupción laboral” y que el 58 por ciento se han visto afectados por falta de trabajadores. Las causas las atribuyen a “medidas migratorias, asistencia social, regulaciones estatales y federales, desaceleración el programa de trabajadores huéspedes, aumento de costos y competencia con otras industrias”.

La solución a esta carencia de mano de obra, propone Márquez, sería un plan migratorio destinado a familias ya radicadas en el estado. “Por qué no le dan la oportunidad a las familias de esas personas (residentes) para que vengan sus familiares. Así se ayudan, conviven y se regresan, como los trabajadores huéspedes”.

Mientras no haya cambios, este productor latino espera a la “merced de Dios” el futuro de sus huertas, y por supuesto, al trabajo duro de él y sus trabajadores.

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Francisco Preciado recolecta manzanas Gala en Márquez Farms, el 27 de agosto, en Wapato.

También proyecta que con mayores ganancias podría traer 20 trabajadores huéspedes. “Lo que me gustaría hacer a futuro, si en un año me va bien, es poner viviendas, traer trabajadores huéspedes y ya no me voy a preocupar de nada…Podría competir con los grandes y habría 20 familias que se beneficiarían”.

Hay trabajo

Noel Hernández, supervisor en Yakima Nation Land Enterprise, colocó un cartel en español afuera de una de las huertas propiedad de la Nación Yakama. “Se necesita ayuda”, dice el letrero de madera sobre la calle Lateral A Road.

Hernández también buscaba personal para comenzar la cosecha de manzana Gala la semana pasada, necesitaba 30 campesinos y no sabía con seguridad cómo arrancaría la temporada.

Letrero de empleo (toma de celular)

Un letrero sobre la calle Lateral A Road en Wapato refleja la oferta de trabajo para la temporada de cosecha de la manzana en el Valle de Yakima, el 24 de agosto de 2019.

La falta de trabajadores agrícolas no es un problema nuevo, comenta Hernández, se ha dado en los últimos años, pero ahora lo nota más. “La gente está espantada por migración…se está yendo a México”, como resultado le cuesta trabajo conseguir gente, y a veces, “se queda mucha fruta sin piscar”, añade.

Pablo Águila, trabajador en Márquez Farms, opina que el gobierno federal tiene mucho que ver en esta escasez de mano de obra. “Muchos andamos asustados…la mayoría tiene temor”, expresa al referirse al ambiente de “racismo” que siente en el país y a las constantes “amenazas” de las que son objeto los inmigrantes desde que pisan territorio estadounidense.

“Trabajo lo hay”, dice mientras poda un árbol de manzanas y comenta sobre el rechazo hacia la mano de obra indocumentada con la llegada de trabajadores huéspedes bajo el programa federal H-2A. “Cuando traen muchos contratados ya no quieren contratarlos (a personas indocumentadas)”,

Águila es uno de los trabajadores que Márquez contrató para hacer diferentes labores en la huerta antes de la cosecha. Esta forma de trabajar es otro método que los productores utilizan para retener a sus empleados y contar con ellos en la temporada de cosecha.

Isaías Márquez, hermano de Sergio Márquez, no enfrenta problemas relacionados a inmigración, “estoy legal aquí”, confirma. Sin embargo ha notado que “se han llevado mucha gente” y que los descendientes de los primeros inmigrantes ya no tienen interés de trabajar en el campo, “ya no quieren trabajar, prefieren mejor no trabajar”, comenta.

Como Águila, Isaías Márquez se ha dedicado por varias décadas a trabajar en la agricultura, antes con otros productores y ahora con su hermano, y siempre ha visto que existe trabajo en el valle.

Nota de la editora: Para leer más del tema, visite www.elsoldeyakima.com

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