La Tierra

Científicos de Estados Unidos sugieren combatir el cambio climático con la geoingeniería solar, que consiste en alterar la atmósfera.

Con el fin de combatir la crisis climática, científicos de Estados Unidos sugirieron estudiar la posibilidad de alterar la atmósfera para enfriar la Tierra, una estrategia conocida como geoingeniería solar.

A finales de marzo, las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina (NASEM, por sus siglas en inglés) publicaron un reporte en el que exhortan al Gobierno estadounidense a crear un programa de investigación para comprender la factibilidad técnica de esta estrategia, sus impactos en la sociedad y el medio ambiente, así como la posible recepción del público.

Incluso entre los especialistas, la geoingeniería solar causa controversia porque no ofrece una solución a la principal causa de la crisis climática: las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de las actividades humanas.

Por lo tanto, la Unión de Científicos Preocupados (UCS, por sus siglas en inglés) se opone al despliegue de esta estrategia.

¿Qué es la geoingeniería solar?

La geoingeniería solar o gestión de la radiación solar se refiere a las estrategias diseñadas para enfriar el planeta a través de alterar la atmósfera.

La primera consiste en añadir pequeñas partículas que reflejan la luz del Sol, conocidas como aerosoles, a la estratosfera, que es la parte superior de la atmósfera.

Mientras los aerosoles permanezcan en el aire, reflejarán la luz solar hacia el espacio exterior. Así, se simularía el efecto de enfriamiento que ocurre tras las grandes erupciones volcánicas.

La segunda aproximación se basa en incrementar la cobertura de nubes capaces de reflejar la luz del Sol en la parte baja de la atmósfera o troposfera.

Para lograrlo, tendría que agregarse sal de mar a las nubes marinas de baja altura para aumentar su brillo y reflectividad.

Otra alternativa es adelgazar las nubes altas que absorben el calor en lugar de reflejarlo.

¿Cuáles son los riesgos?

Si bien la geoingeniería solar tiene el potencial de reducir la temperatura de la Tierra, puede generar consecuencias negativas desconocidas hasta ahora, reconoce el reporte de NASEM.

Según la UCS, si las estrategias de gestión de la radiación solar logran ser desplegadas alguna vez, la temperatura global se reduciría, pero también se alterarían los patrones de precipitación en todo el mundo.

Además, es imposible saber con certeza cómo serán afectados los ecosistemas al alterar la cantidad de radiación del Sol que llega al planeta, advierte la Fundación Heinrich Böll.

"Crearía un balance ecológico totalmente nuevo (o una perturbación) que podría disminuir la biodiversidad", apunta un informe de esta organización.

Estas estrategias, agrega, no buscan influir en la concentración de gases de efecto invernadero, que es la causa física del cambio climático, sino contrarrestar algunos de sus efectos, en especial el aumento de temperatura.

¿Por qué se investiga?

A pesar de sus posibles consecuencias negativas, NASEM propuso a Estados Unidos la creación de un programa de investigación de geoingeniería solar con fondos de entre 100 y 200 millones de dólares para sus primeros cinco años.

Si los países del mundo quieren cumplir el objetivo del Acuerdo de París, que es mantener el aumento de la temperatura de la Tierra por debajo de los 2 grados centígrados para finales de este siglo, con respecto a los niveles preindustriales, deben alcanzar las cero emisiones a más tardar en los próximo 30 años.

Quienes promueven los estudios de geoingeniería solar argumentan que puede ser una estrategia temporal mientras se realizan esfuerzos agresivos para reducir las emisiones.

No obstante, este uso "temporal" podría prolongarse hasta por 50 años o más, alerta la UCS.

"Dada la urgencia de la crisis climática, la geoingeniería solar necesita ser estudiada más. Justo como con los avances en campos como la Inteligencia Artificial o la edición genética, la ciencia necesita motivar al público a preguntarse no sólo si podemos (hacerlo), sino si deberíamos hacerlo".

Marcia McNutt, presidenta de la Academia Nacional de Ciencias (NAS)

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