La mayoría de los luchadores de artes marciales mixtas prefieren lucir fuertes antes y durante las peleas para intentar intimidar a sus oponentes.

Pero Gustavo López adopta una actitud diferente, a él le encanta sonreír dentro y fuera del enrejado circular. La visible alegría del deportista de 30 años refleja el aprecio por el difícil camino que lo llevó de una infancia desafiante en Wapato a Las Vegas, donde entrena para defender su título de peso gallo en Combate Américas.

“Estoy muy agradecido por la gente a mi alrededor y por las oportunidades que tengo”, dijo López en una entrevista telefónica. “Creo que esta mentalidad simplemente me empuja a ser mejor”.

López continúa ascendiendo en las filas de Combate Américas, una empresa dedicada a promover luchadores latinos y a llegar a la comunidad que habla español. López ganó su título al derrotar a José Alday por nocaut técnico en marzo de 2019 y lo defenderá por segunda ocasión antes de renegociar su contrato o al cambiar de compañía.

Combate Américas ofrece a López una asociación sólida puesto que comparte muchos de sus valores, como la misión de ser un ejemplo para las nuevas generaciones y devolver a su comunidad. Cada vez que él gana una pelea, encuentra una cámara para compartir su amor por Wapato, por el Valle de Yakima, y por supuesto, por su madre, Ramona López.

Camino hacia Las Vegas

López tuvo algunas oportunidades inesperadas antes de darse cuenta que su pasión está en la lucha y las artes marciales.

Su impresionante carrera de lucha comenzó en su primer año en Wapato High School en 2004, donde recordó que sus amigos le “hicieron trampa” para que se probara en el equipo.

Cuatro temporadas, tres competencias estatales y dos medallas en el torneo Mat Classic, lo condujeron a hacerse acreedor de una beca en Yakima Valley College, donde calificó dos veces para el torneo NJCAA y además obtuvo su título en contabilidad comercial.

Mientras estaba allí, comenzó a entrenar en Yakima MMA bajo la dirección del difunto Rich Guerin y con el tiempo un amigo le pidió que peleara. Una ocasión, cuando uno de los luchadores abandonó la pelea el día del evento, López accedió a entrar y noqueó a su oponente en siete segundos.

Como luchador amateur López ganó ocho peleas. Cuando le fue imposible encontrar contrincantes, se convirtió en profesional, aunque la MMA aún no era su principal prioridad, y entró como luchador de la NAIA en la categoría nacional de 141 libras. También obtuvo una licenciatura en finanzas en Menlo College.

Más tarde, López recibió una oferta para vivir en Las Vegas con Bryan Caraway y Miesha Tate, dos luchadores consumados de UFC que también entrenaron en Yakima MMA, así que compró un vuelo de ida y en ese momento su carrera despegó.

En Las Vegas López empezó a entrenar de tiempo completo con entrenadores y atletas de élite, demostrando con rapidez ser una estrella en ascenso para el naciente Combate Américas.

López da crédito al entrenador Jimmy Gifford por ayudarlo a mejorar su técnica de ataque para que la lucha no fuera su única arma, y valió la pena, porque con un fuerte derechazo noqueó a Joey Ruquet en su pelea más reciente en agosto pasado.

Devolviendo a la comunidad

Tener una carrera exitosa en la MMA nunca formó parte de la imaginación de López mientras crecía con sus tres hermanos en su casa de dos récamaras en Wapato.

La vida fue más difícil para ellos cuando perdieron a su padre debido al cáncer, justo dos meses antes de que López asistiera a su cuarto torneo Mat Classic. Su hermano Alex, quien se graduó de preparatoria un año antes y trabajaba en la construcción, se hizo cargo de muchas de las responsabilidades y alentó a Gustavo a seguir con su carrera en la lucha.

“Agudizó su enfoque”, expresó Alex López al referirse a la reacción de su hermano frente a la muerte de su padre. “Le dije que no se preocupara por las cosas en la casa”.

El apoyo guió a Gustavo al camino correcto en un ambiente donde, dice, muchos jóvenes terminan en malas situaciones. Y se enfocó en el ejemplo de Alex, quien decribe a su hermano menor como “la persona más amable que usted puede conocer”.

Ramona López aún se preocupa cada vez que Gustavo sube al ring y no le gusta ver sus peleas por miedo a que lo lastimen. Él dice que su madre se pone sensible cuando la llama antes y después de cada pelea, aunque siempre lo apoya.

Alex nunca practicó deportes, en parte porque no tenía mucho tiempo ya que comenzó a trabajar a los 15 años en una tienda de alimentos para animales en Wapato. Sin embargo, se interesó en MMA cuando Gustavo comenzó a tomar la lucha en serio, Alex se convirtió en un integrante de las peleas de su hermano e incluso estuvo con el equipo en la esquina en algunas ocasiones.

“La primera vez que estuve allí comencé a llorar”, relató Alex. “Nunca lo había hecho, él estaba ganando. Me sentí feliz por él”.

Un trabajo de medio tiempo en la alberca de MGM Grand’s Wet Republic le da a Gustavo el dinero que necesita para sus pagos, lo que le permite usar parte del dinero que gana en peleas y con patrocinadores para recompensar a quienes lo ayudaron, como su madre y su hermano Alex, quien perdió a su esposa hace dos años, justo un año después del nacimiento de su bebé.

Antes, Gustavo no podía darse el lujo de viajar de Las Vegas a casa, pero con más ganancias y con nuevos patrocinadores como Cricket Wireless, puede regresar a Wapato tres o cuatro veces al año. Esas visitas con frecuencia incluyen escuelas locales, donde se dirige a aspirantes a luchadores y a otros estudiantes.

Gustavo espera que algún día pueda competir en el Yakima SunDome o en otro lugar del Valle de Yakima.

“No siento que sea una persona tan importante”, comentó Gustavo. “Todavía soy un chico normal, solo con algunas oportunidades”.

Más fotografías en www.elsoldeyakima.com

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