Cada domingo en la tarde más de una docena de jóvenes miembros y amigos de las dos pandillas más grandes de Yakima se reúnen para competir en una cancha de madera.

Además de jugar básquetbol, los chicos de secundaria y preparatoria reciben comida y mentoría amigable. Pueden llegar vestidos con sus colores — el rojo está asociado a las pandillas callejeras de los Norteños y el azul a las pandillas de los Sureños — pero el organizador Chevy Cortez es muy claro con las reglas.

“Es un lugar seguro. Puedes vestir tus colores, pero no puedes ser irrespetuoso” con nadie, dijo Cortez. Eso significa no confrontaciones físicas o verbales, no miradas, gestos o palabras fuertes en esas dos horas. También significa ser la persona más grande y liderar con el ejemplo cuando los recién llegados quieren ser bravucones.

Los chicos pueden ser solo chicos durante esas reuniones organizadas por el Proyecto de Amor de Yakima (The Love Project Yakima) junto con In This Together (Juntos en esto) y Triple R Ministries (Ministerios Triple R) los domingos de 2 a 4 p.m. en Eisenhower High School y en el YMCA del centro de Yakima. Solo por un momento pueden respirar, expresó Cortez.

“Hemos tenido muertos en ambos bandos y solo intentamos mantenerlos fuera del ataúd”, les dice.

Los más jóvenes son los que juegan primero. Miran a Cortez mientras se une al equipo, observan una gota justo debajo de su ojo derecho, tres pequeños puntos sobre su mano, y letras góticas sobre su antebrazo que expresan lo que fue su mundo por cuatro años: Sureño.

Cortez llama a sus muchos tatuajes en sus brazos, cuello y rostro “las cicatrices de la vida”. Esas marcas son parecidas a las de los jóvenes que asisten a jugar básquetbol. Sus historias se asemejan a las de él cuando crecía en el centro de Washington, es por eso que fundó The Love Project Yakima en 2017.

“Hay chicos justo ahora que quieren salir, ¿cómo los ayudamos? Solo con presencia”, dijo Cortez. “Solo estamos haciendo presencia. Vamos a estar allí para ti”.

Al estar allí, Cortez les muestra que la vida es posible tras las pandillas. Otras personas lo ayudaron a él cuando dejó a los Sureños al convertirse en padre por primera vez a los 17 años. Ellos lo apoyaron mientras obtenía su GED, cuando se graduó de Perry Technical Institute en 2008 y canalizó su talento creativo en una carrera de diseñador gráfico. Hace dos años fundó su propia empresa, Chevy Cortez Designs.

"Soy el resultado de gente que invierte en mi vida”, subrayó.

En los años en que Cortez ha trabajado para enfrentar el problema de las pandillas, acudió a reuniones y participó en grupos de trabajo con la policía y otros expertos para reducir las pandillas. Habló con el gobernador Jay Inslee sobre pandillas dentro y fuera de Yakima.

La ciudad de Yakima y el condado de Yakima han sufrido por décadas los estragos de las drogas, pandillas y la violencia que ocasionan. De los 27 homicidios en 2019, seis estuvieron relacionados con pandillas. Un integrante de una pandilla es acusado de asesinar a una séptima persona, quien de acuerdo con la policía, no estaba afiliada a una pandilla. En otro caso, el fiscal del condado no presentó cargos contra un joven que apuñaló a un miembro de una pandilla ya que una investigación mostró que fue en defensa propia.

Cortez, originario de Texas, se mudó a Washington con su familia cuando era niño, ellos eran trabajadores migrantes. Creció en Pasco y Sunnyside antes de mudarse a Yakima.

Le molesta que por décadas Yakima ha sido conocida por las drogas y pandillas. Yakima es el lugar donde cambió su futuro y desea devolverle el favor de la misma forma que lo recibió, a nivel personal, con relaciones positivas y de apoyo.

Con amor.

“No nací aquí, pero esta es mi ciudad”, comentó Cortez. “Quiero ver que mi ciudad de un giro”.

Detrás del escenario

Cortez habló de The Love Project Yakima en la reunión regular del Club Rotario de Yakima. Mencionó que es el grupo más grande en el que se ha presentado, con un promedio de 160 asistentes.

El hombre de 41 años, casado y padre de cinco hijos tiene una vida ocupada. A la par con su trabajo de diseñador gráfico en King Beverage, su propio negocio, su organización sin fines de lucro fundada con su familia, Cortez y su esposa Kristina, están muy involucrados en la iglesia Heights Church en Terrace Heights.

En todo lo que hace, Cortez espera ayudar a otros. Él y otras personas involucradas con su proyecto, junto a las organizaciones asociadas con ellos, han contactado a decenas de personas que enfrentan desafíos, pero no buscan publicidad en lo que hacen. Algunos miembros del club rotario que presenciaron el discurso de Cortez comentaron que nunca habían escuchado de su organización.

“Es por eso que no nos ven es las noticias con frecuencia. Estamos detrás del escenario”, dijo Cortez. “Somos transparentes en lo que hacemos, pero somos discretos”.

Recientemente, los voluntarios llevaron cobijas, paquetes de cuidado y comida a personas sin hogar que viven en tiendas improvisadas de contenedores de fruta y carpas en lo que se conoce como The Compound en Toppenish.

"Solo queríamos hacernos presentes y mostrarles amor", dijo Cortez sobre la visita justo antes de navidad. "Queremos regresar...queremos hacerlo en el verano".

Sonia Rodríguez True, quien presentó a Cortez en la reunión de los rotarios, ha trabajado con él a través de In This Together, organización que fundó con su esposo Pat. Cortez conoció a la pareja hace unos años.

“Nuestra visión es la misma. Queremos ver el cambio. Es el momento”, dijo Cortez.

Ella destacó cómo Cortez creció en la pobreza dentro de un hogar monoparental. Su familia se mudó al este de Washington en 1987 cuando tenía 9 años. Su madre lo crió junto a sus dos hermanos menores luego que sus hermanos mayores se fueron de casa.

Cortez asistió a la escuela y fue un buen estudiante hasta la secundaria, cuando conoció a jóvenes en pandillas. Entonces había sido intimidado, así que la posibilidad de unirse a un grupo que ofrecía protección, reputación y respeto era un poderoso incentivo.

“Recuerdo que me molestaron por mi estado financiero...He estado luchando toda mi vida”, relató. “Siempre buscaba esa puerta abierta, y esa puerta se abrió un viernes por la noche cuando fui a una fiesta de pandillas”.

Tenía 13 años. Algunos miembros mayores de la pandilla lo acompañaron a su casa, se detuvieron una cuadra antes para “aceptarlo”. Cortez había estado entre ellos el tiempo suficiente, dijeron. Era hora de que se convirtiera en uno de ellos.

“Me dieron una golpiza como a un hombre durante 30 segundos. Tenía moretones por todas partes, pero me aceptaron”, dijo Cortez.

La vida aún era difícil. Tenía apoyo, pero sus compañeros de la pandilla no le podían ayudar en casa. Cortez ya había decidido que cambiaría su vida si tenía hijos. En 1995 supo que sería padre. Ese año se mudó a Yakima, dejando atrás su vida en la pandilla.

“Salir es difícil. Te dan una golpiza” o puedes perder tu vida, explicó Cortez. Estaba dispuesto a ser expulsado, sin embargo al mudarse también envió el mensaje de que había terminado con las pandillas.

Cuando comenzó a tomar su GED en OIC Washington, “parecía un matón”, expresó Cortez. Pero su consejera, Sondra Pieti, siempre lo apoyaba. Incluso le prestó su vehículo para que sacara su licencia de manejo, agregó.

“Ella creyó en mí”, dijo Cortez al referirse a Pieti, quien ahora trabaja en WorkSource Yakima.

Cortez trabajó en el programa de verano de OIC por varios años. Un día, mientras arrancaba maleza, se le acercó un hombre con muchos tatuajes y miembro de una pandilla rival, y le dio un volante para la iglesia Victory Outreach Church.

“Dios usa a mi enemigo para llevarme a la iglesia”, dijo. “Le di mi vida a Cristo el 21 de junio de 1996”.

“Es suficiente”

La mañana del 24 de abril de 2017, Kabin Smith fue asesinado en un tiroteo en la esquina de West King Street y Cornell Avenue. El joven de 14 años, quien vivía en Union Gap, caminaba a casa de la escuela. Vestía ropa roja, de acuerdo con los documentos de la corte, color que se asocia con los Norteños.

Luis Alfredo Barrera, conocido como un miembro de la pandilla de los Sureños, fue acusado del asesinato en primer grado y su juicio está programado para marzo.

La muerte de Smith hizo que Cortez fundara The Love Project Yakima. “Eso era todo. Suficiente es suficiente”, recalcó. “Solo quería ayudar…Nuestra ciudad necesita amor”.

Cortez imagina con unir a la comunidad sin importar su raza, religión o circunstancias.

A principios de 2017, voluntarios con The Love Project Yakima terminaron su primera campaña. Con $400 que juntaron de la venta de T-Shirts, visitaron el campamento para personas sin hogar Camp Hope, con toallas, bolsas para dormir y tarjetas para gasolina que hacían un total de $200. También ese año compraron una tarjeta en una tienda de auto partes de $100 para un joven que asiste a Rod's House y pagaron un ajuste para su automóvil. 

Cortez recauda fondos a través de la venta de camisetas, sudaderas y donaciones, algunas de las cuales llegan mediante www.theloveprojectyakima.org. Los patrocinios también lo ayudan a difundir su mensaje a quienes más lo necesitan.

En mayo de 2018, Cortez se asoció a Sozo Sports Complex y Triple R Ministries para ofrecer un concierto gratis dirigido a exmiembros de pandillas.

Junto a los partidos de básquetbol los domingos, que Cortez mencionó que están abiertos a otros, él y otras personas visitan estudiantes cada semana. Los jueves en la preparatoria Eisenhower y los miércoles en la secundaria Washington. Comen con ellos y los escuchan.

Puedes ser alguien en su vida, dijo Cortez.

“Mis hijos son mayores ahora. Estoy en el punto de mi vida donde puedo apoyar a otros chicos”, declaró.

Nota del editor: Este reportaje fue editado para su versión en español. El reportaje original en inglés puede leerse en: http://bit.ly/chevy-cortez

Load comments