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Javier Vela, en el Distrito Escolar de Yakima, posa para un retrato afuera del Centro para Estudiantes y Familia en Yakima, el 9 de agosto de 2019.

Javier Vela es el coordinador del programa McKinney Vento del Distrito Escolar de Yakima. “Mi mayor satisfacción es poder ayudar a nuestras familias de migrantes que llegan buscando oportunidades para sacar adelante a su familia”, dice.

¿Quién es Javier Vela?

Tengo 22 años trabajando en el Distrito Escolar de Yakima, tengo una familia conformada por mi esposa Dulce y mis cuatro hijos. Ya soy abuelo. Y mi mayor gusto es poder ayudar a mi comunidad.

¿De dónde es su familia?

Mis padres son de Monterrey, Nuevo León, (México), se casaron y decidieron viajar a Estados Unidos buscando una mejor oportunidad de vida, siguiendo el sueño americano.

Mi padre vino a trabajar en el campo, fue mayordomo de un huerto de manzana y nos enseñó a trabajar la agricultura, pero nos dijo que si queríamos lograr algo en nuestra vida, deberíamos dedicarnos a estudiar y yo tomé su consejo como una motivación personal.

Aunque no fue fácil, logré terminar mis dos años en YVC de Yakima y tuve la oportunidad de entrar a trabajar al distrito escolar porque solicitaban personal bilingüe y esa fue mi gran oportunidad.

¿Cuál es su trabajo en el Distrito Escolar de Yakima?

He estado a cargo de los programas de atención a niños migrantes y actualmente coordino el programa McKinney Vento, que otorga ayuda a padres e hijos en situación de riesgo, y a jóvenes que no tienen un lugar para vivir.

¿De qué se trata este programa?

Lo que buscamos en el distrito escolar es dar alas a los sueños de los niños y jóvenes, motivarlos para que no se queden solo con ‘high school’, queremos que sigan adelante, que vayan a la universidad e impulsarlos a que sientan el compromiso de terminar, que no los detengan los costos de la escuela, que busquen ayudas y que conserven su español, porque un profesionista que habla español está mucho más valorado que uno que habla inglés.

¿Por qué hay tanto interés de su parte en ayudar a los niños migrantes?

Cuando tenía apenas 6 años, mis padres me llevaron a vivir a México, cuando mi inglés apenas eran unas cuantas palabras y mi español era nada.

Estudié los 6 años de primaria en México y no sabía el idioma de mis padres, y esos años de estudio fueron completamente difíciles, sin embargo, era un niño y me propuse aprender español. Al terminar la primaria, me trajeron de nuevo a Yakima y entre a ‘middle school’ sin saber nada de inglés.

Por dos ocasiones en mi vida, fui extraño en idioma y país, y me costó muchísimo trabajo volver a enseñarme el inglés.

Este es el motivo por el cual yo me veo en cada niño que llega a nuestras escuelas y mi compromiso con ellos es total, porque no solo lo veo como mi trabajo, yo busco la manera de apoyar a los padres a conseguir las ayudas que necesitan y a motivar a los jóvenes a seguir adelante y que lleguen a cumplir sus sueños.

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Javier Vela, coordinador del programa McKinney Vento en el Distrito Escolar de Yakima, posa para un retrato afuera del Centro para Estudiantes y Familia en Yakima, el 9 de agosto de 2019.

¿Qué satisfacción le da trabajar en estos programas diseñados especialmente para niños migrantes?

Me llena el alma porque: si no somos nosotros ¿entonces quién lo hará?, si no es ahora ¿entonces cuándo?

Hemos ido cumpliendo metas importantes: una de ellas es que desde hace 3 años tenemos un asesor para niños que están en el programa migrante, en todas las escuelas de Yakima, desde ‘elementary, middle school y high school’.

También contamos con el programa McKinney Vento para emergencias y el 211 para canalizar a los padres a los distintos programas en los que se les puede apoyar.

¿Qué tan difícil es para los jóvenes migrantes lograr su metas?

La idea de todos estos programas, en los que he tenido la suerte de trabajar, son para ayudar a familias migrantes a cumplir sus metas, que no se detengan y que siempre sepan que estamos para guiarlos.

Si yo pude lograrlo, viniendo a estudiar sin saber inglés y siendo hijo de padres muy pobres, pero con muchas ganas de salir adelante, ellos también podrán hacerlo con nuestro apoyo.

¿Qué mensaje le puede dar a los jóvenes que tienen la indecisión entre trabajar o estudiar?

Les diré que no se conformen, el dinero es bueno, pero el trabajo del campo es muy matado y no paga. Sin embargo, si estudian, podrán tener la oportunidad de un mejor trabajo y con menos esfuerzo físico.

Solo la educación te permite acceder a mejores trabajos y yo lo comprobé. No tenía los recursos para ir a la universidad, sin embargo, fui muy bueno jugando futbol y logré una beca especial, que me permitió ir al colegio en Yakima y pagar mis estudios.

¿Qué mensaje le daría a los padres?

Solo quiero pedirles que escuchen a sus hijos, que conozcan qué visión tienen y apoyarlos. Los padres tenemos que aceptar que nuestros hijos viven una realidad diferente a la nuestra y que nuestro compromiso es apoyarlos de manera incondicional para que no se sientan solos y así puedan tomar las mejores decisiones en su vida.

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