Sirviendo agua de horchata

Abraham Temaj sirve un agua de horchata a un cliente en el mercado de las pulgas en Toppenish, el 31 de agosto.

Entre semana, el lote polvoriento en la esquina de la autopista US 97 y la avenida West First en Toppenish, parece un bosque desolado repleto de postes de aluminio.

Pero los fines de semana, cobra vida cuando el mercado de las pulgas en Toppenish comienza su venta. Los vendedores ofrecen plantas, cobijas, ropa, calzado, antojitos y comida mexicana en este lugar, mejor conocido como “La Pulga”.

El mercado también atrae a compradores de gangas, personas que buscan cosas para el hogar, como utensilios de cocina, molcajetes, herramientas, y a vendedores que intentan ganarse un dinero extra para mantener a sus familias.

“Los sábados son días un poco tranquilos, pero los domingos son muy ocupados”, dice Guadalupe Díaz de Toppenish, quien tiene su puesto de nueces y cacahuates tostados en el mercado.

Según los vendedores, el mercado está abierto todos los fines de semana.

A veces, las ventas son más lentas, especialmente cuando hay eventos como las ferias, pero los comerciantes dicen que venden lo suficiente para volver cada fin de semana.

Díaz, que atiende su puesto con ayuda de Ismael Espinoza, platica que comenzó allí hace ocho años después de trabajar en otro puesto de nueces. Un sábado por la mañana, asaba cacahuates mientras Espinoza asaba y empacaba garbanzos verdes para los pocos clientes que llegaban.

Comprando pistachos

Gabriel Villa, al centro, compra dulces para sus hijos y pistachos de colores en el mercado de las pulgas en Toppenish, el 31 de agosto.

“A la mayoría de la gente le gustan los cacahuates”, comenta Díaz.

Abraham Temaj vende cerca del puesto de Díaz. Un sábado, él y su hija pequeña, Yuliza, preparaban tacos de carne de res y cerdo en el puesto que lleva el nombre de su hija, Tacos Yuliza. Temaj también vende tamales guatemaltecos, aguas frescas y duritos.

Su negocio ha operado en el “mercado durante los últimos cinco años, con éste, dice Temaj, completa sus ingresos. Temaj es trabajador agrícola.

“Estoy aquí todos los fines de semana, todo el año”, expresa.

Preparando un raspado

Madeline Temaj, de 9 años, prepara un raspado en el puesto de su papá, Abraham Temaj, en el mercado de las pulgas en Toppenish, el 31 de agosto.

Temaj no solo vende en Toppenish. Él y su familia venden en los parques Martin Luther King y Miller en Yakima.

Vanessa Sánchez vende sombreros y cobijas en su puesto y camión localizados cerca de la carretera. Desde que comenzó en 2016, ha tenido varios clientes, unos de Seattle, que llegan a comprar sus productos y los de otros vendedores.

Este es el único mercado de las pulgas en el valle que abre de forma regular, dice, eso les ayuda en las ventas.

El mercado está ubicado en las afueras de Toppenish en tierras de la Nación Yakama, y la propietaria, una ciudadana de la Nación Yakama, cobra entre $20 a $30 por cada puesto. Los vendedores dicen que su interacción con ella es limitada.

Los puestos, marcados por postes de aluminio en los que se pueden colgar lonas y mantas para crear el techo y paredes, miden aproximadamente tres metros por tres metros. Algunos vendedores, como Temaj y Díaz, tienen dos.

Temaj y otros vendedores dicen que tienen clientes que les compran de forma regular.

Zapatos y chapulines

César Hernández de Moxee vende zapatos los sábados y domingos. Los domingos son los días más ocupados y mejores para vender, dice. Pero “hay clientes que vienen los sábados” porque es su día libre en el trabajo.

“El domingo está muy bien, puedes ver muchas personas y comerciantes aquí”, relata. “Hay muy buenos precios, que no puedes encontrar en otro lugar. También hay muchos antojitos”.

Hernández viene de una familia que vende en el mercado. Sus padres han vendido por 20 años en California y Hernández aprendió muchas habilidades de ellos.

Los mercados son una tradición, no solo para su familia, sino también para muchas familias en el Valle de Yakima que son de México, dice. La gente de México “está acostumbrada a comprar en los tianguis”.

Durante la semana, Hernández trabaja en la construcción o en el campo y los fines en el mercado de las pulgas, como un trabajo adicional.

A Monse Ramírez, de Topennish, le encanta comer chapulines, esta delicia crujiente con limón y chile la lleva al mercado de la pulga cada fin de semana. “No puedo encontrarlos en ningún otro lugar”, dice mientras los prueba. Los dulces mexicanos también son otro motivo para ir al mercado.

Ramírez ama el ambiente del mercado y los recuerdos que trae de su infancia.

“Me recuerda cuando iba con mi mamá (al mercado en México). Ella vendía ropa. Es algo similar”, dice. Ramírez trabajó durante tres años con uno de sus tíos en el mercado de pulgas. “La gente vende muchos productos, bebidas, comida y hay mucha música”, comenta.

Gabriel Villa de Selah sostenía una bolsa de plástico llena de pistachos de distintos colores y de seis sabores.

Villa va al mercado una vez al mes para comprar pistachos, elotes y dulces para sus hijos, comenta. “Es más fácil encontrarlos aquí y los precios son buenos”, indica.

Ramírez y Villa compraban en el puesto de Díaz. Díaz, además de los populares cacahuates tostados, vende granos y chapulines.

Todos los fines de semana el puesto de Díaz está abierto, aún en el invierno, dice. “No paro, incluso en la nieve vendo, porque la gente compra cacahuetes para comerlos mientras miran las películas”.

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