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María Rodríguez, directora ejecutiva del Centro Recursos de Desarrollo para la Comunidad Rural posa para un retrato el 29 de septiembre en Yakima.

Conozca a María Rodríguez, directora ejecutiva del Centro Recursos de Desarrollo para la Comunidad Rural (RCDR) en Yakima, una organización que asiste a pequeños agricultores y comerciantes de los condados de Yakima, Kittitas, Benton, Franklin, Walla Walla, Adams, Chelan, Grant y Okanogan.

¿Cuál es su tierra natal?

Nací en Michoacán, México. Tenía 9 años cuando mis padres decidieron dejar México y mudarse a San Diego para ofrecernos mejores oportunidades. En 1996 llegamos a Yakima y desde entonces aquí hemos formado nuestra vida.

¿Cuál es su pasión?

Ayudar a las personas. De niña soñaba con ser abogada, quería aprender a defender a las personas de las injusticias y aunque no estudié leyes, exploré otros caminos.

Estudiando en Davis High School ingresé a un programa para jóvenes de finanzas y aprendí cómo crear y administrar un negocio, y eso fue lo que realmente me apasionaba.

Solicité una beca para poder pagar mis estudios en la preparatoria y trabajé de la mano de una tutora colaborando para la comunidad. Me gradué en el 2003 y, sin saberlo, ese primer trabajo definió mi carrera laboral.

¿Crecimiento laboral?

Inicié hace 18 años como recepcionista en el Centro Recursos de Desarrollo para la Comunidad Rural (RCDR) en Yakima, lugar en el que actualmente continúo trabajando.

Al graduarme de la preparatoria, la tutora me ofreció trabajar un par de horas a la semana. Agendaba citas, enviada documentos, tomaba recados. Poco a poco fui ayudando hasta que tuve la oportunidad de tener contacto con la gente y aprendí más sobre la organización.

Con los años comencé a trabajar para el Comité de préstamos y reportes de becas del Departamento de Agricultura y del departamento económico del estado en los cuales se definía cómo ayudar a la gente a través de talleres para el crecimiento de agricultores y comerciantes.

¿Cuáles han sido las satisfacciones más relevantes en su trabajo?

Estudiar todo lo que fuera necesario para continuar capacitándome. Tomé entrenamientos sobre el desarrollo económico en el Valle de Yakima, así como talleres de finanzas con los bancos de liderazgo. Comencé a planear talleres de entrenamiento a nivel nacional con otras organizaciones, y también tomé un entrenamiento de liderazgo donde aprendí cómo se crean los organismos no lucrativos.

Cuando se jubiló mi jefa, la mesa directiva lanzó la petición para ese puesto. Sometí mi solicitud y fui aceptada. Como directora ejecutiva, junto con todo el equipo, continuamos ayudando a los clientes a tener acceso a prestamos, a desarrollar su negocio y brindamos asistencia y acceso al departamento de agricultura para ofrecer programas y talleres a la gente de los campos del valle.

¿Qué retos tienen los agricultores?

Aprender el idioma es un gran reto para los agricultores y comerciantes. No le tengan miedo. Todos tenemos la capacidad de poder comunicarnos. Existen lugares y recursos para que puedan aprender y sentirse más confiados.

Nosotros los ayudamos a traducir documentos y orientarlos para que no se sientan limitados a decir lo que piensan o lo que pasa en los campos. Alzar la voz en el idioma que sea nos ayuda a todos. Pedir ayuda no es algo negativo, es un gran paso para seguir avanzando. Pasan tantas cosas en el campo, en las empacadoras, en los diferentes tipos de trabajos, que necesitamos ayudarnos unos a otros y estar unidos.

¿Cuáles son sus sueños y metas?

Generar unidad con la ciudad y sus representantes para concientizarlos de las necesidades de las comunidades. No importa de que distrito sea, lo importante es unirnos para ayudar a la comunidad a través de programas y talleres. Queremos que la gente tenga un espacio para su crecimiento como agricultores, comerciantes, ciudadanos o jóvenes, que compartan con nosotros sus inquietudes para canalizamos con los expertos adecuados.

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