En sus 45 años trabajando en la agricultura, Hilario Álvarez, de 69 años, nunca vio tanta escasez de trabajadores.

Álvarez, el patriarca de la familia propietaria de Alvarez Organic Farms, una huerta en Mabton de más de 128 acres (51 hectáreas) y con más de 30 años de existencia, ha vivido en las últimas semanas la pérdida de parte de su cosecha por falta de mano de obra.

“Ya se perdió mucho, perdimos gran parte del betabel, no teníamos trabajadores para la limpiar (la maleza). El problema no es plantar, el problema es “hoeing”, azadonear (para quitar la maleza) y cosechar”, dijo.

“Ahora, el ajo elefante (como tres acres) si no se saca en una semana, se hace prieto, se lo come la tierra”, explicó al mencionar también que cuatro de los cinco acres de ajo regular que sembraron ya están listos para la pisca. “Es mucho”, agregó.

Otros cultivos que ya deben cosecharse son calabaza, ejote, papa y ocra, mencionó, pero no hay suficientes trabajadores.

Pese a sus esfuerzos anunciando las vacantes en un programa de búsqueda de empleo gratuito en Radio KDNA, hablando con otros productores agrícolas y con trabajadores para que pasen la voz entre sus amigos y conocidos sobre la oportunidad de trabajar, aún le falta mano de obra.

“Necesito como unos 10 más”, dijo, para levantar la cosecha. En 2020, solo le faltaron tres jornaleros.

Actualmente, tienen 15 trabajadores y al terminar la cosecha de cereza otros regresarán, comentó.

Alvarez Organic Farms paga el salario mínimo por hora en el estado de Washington, $13.69, en otras huertas el pago es por lo que se recolecta, eso podría poner en desventaja a su huerta, comentó.

A Álvarez le gusta que los empleados trabajen a gusto, dijo, así que no es raro que quienes laboraron en la huerta la cosecha pasada regresen de nuevo. Aunque muchos aún están cultivando la cereza, van unas horas antes de las 5 a.m. y de 7 a 9 p.m. a ayudarle.

El negocio familiar, de 9 hijos y los dos padres, alimenta a más de 10 mil personas y se enfoca en vender directamente en mercados de agricultores en Seattle, Tacoma y otras ciudades grandes en el oeste del estado y en Pasco, así como en restaurantes.

“Tenemos 400 variedades de verduras, 200 clases de chiles, 25 clases de jitomate, 35 clases de berenjena, 15 clases de papa, 3 vaiedades de ocra, 2 de cacahuate, 5 clases de cebolla, tomatillo, camote dulce, 10 clases de ejotes, 2 de haba, 6 de chicharos...”, explicó el productor agrícola con satisfacción.

En 2009, recibió un premio estatal por ser el productor latino que siembra más variedades de verduras y frutas.

Opción de traer trabajadores huéspedes

La escasez de trabajadores agrícolas no solo afecta a huertas como Alvarez Organic Farms, también a más microproductores en la región, dijo María Rodríguez, directora ejecutiva de Recursos de Desarrollo para la Comunidad Rural (RCDR) en Yakima.

Rodríguez y personal del Centro para Agricultores Latinos, uno de los tres principales programas de RCDR, se reunieron con pequeños granjeros, operadores de tierra “para saber qué está pasando”, dijo.

En total, el centro tiene 800 contactos, entre pequeños agricultores, operadores de tierra e interesados en convertirse en productores agrícolas, añadió.

“Sabemos que la escasez de trabajadores ha existido por varios años y existe. Ellos (los pequeños productores) no pueden pagar salarios más altos (de trabajadores H-2A), no tienen los recursos suficientes para poder pagarles más o traer a estos trabajadores a ayudarles a ellos”, explicó.

Sin embargo, una solución que contemplan a futuro sería crear una cooperativa con pequeños productores agrícolas interesados en contratar trabajadores huéspedes. Esta opción la van a platicar durante la próxima Conferencia para Pequeños Agricultores el 5 de agosto, anticipó Rodríguez.

Álvarez dijo que “está con su gente”, sus trabajadores, pero no ve mal la idea de formar una cooperativa para traer trabajadores H-2A.

“Está muy bien porque si yo no saco mis gastos, el otro año ya no siembro”, o tal vez cambiaría a cultivos como alfalfa o maíz que requieren menos cuidados, mencionó. Sus hijos tal vez querrán seguir cultivando y él les ayudaría, agregó.

A los trabajadores H-2A se les debe proporcionar vivienda, transporte y comida, según las reglas de protecciones legales que establece el Departamento del Trabajo de Estados Unidos. Y un salario que ahora en el estado de Washington asciende a $16.34 por hora.

Costos que no pueden cubrir los pequeños agricultores en comparación con los grandes productores agrícolas que tienen “cientos” de acres de tierra, subrayó Rodríguez, por eso la idea de juntarlos para contratar mano de obra.

Sea cual sea la decisión, el consumidor es quien pagará al final los costos extras. Los precios finales tendrán que subir, dijo Álvarez, y eso le entristece porque él siembra para la gente.

“Me gusta mi trabajo, que sembramos orgánico, mucha gente se beneficia, se alimenta... Yo no voy a dejar a ayudar a mis hijos hasta que me muera”, subrayó.

Load comments