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La dueña de la Quesería Bendita, Venedita Montes de Oca, posa para un retrato en su tienda, el 4 de octubre, en Yakima.

“Con fe y esperanza se logra todo”, es el lema que Venedita Montes de Oca tiene en su vida y que la ha llevado de los campos de un pequeño rancho en México hasta ser la dueña de su propia empresa.

“Dios me ha bendecido mucho, yo casi sin saber leer o escribir y con lo mínimo de matemáticas para hacer cuentas, he salido a adelante, y eso me da mucho orgullo porque a mi edad sigo activa y trabajando, con buena salud y memoria. Eso es suficiente para agradecer a Dios”, dijo Montes de Oca, propietaria de la Quesería Bendita en Yakima.

Y es que para la migrante de 78 años, originaria de Michoacán, México, la vida ha sido de grandes retos y sacrificios que ha logrado vencer gracias a su mente positiva.

“Nunca pude ir a la escuela porque ayudaba en la casa, yo lloraba cuando veía pasar a todos los niños afuera de mi casa, los veía muy arregladitos, peinaditos, con sus mochilas y sentía correr las lágrimas, pero era la mayor de todos mis hermanos, y tenía que ayudar, no había otra opción para mí”, describió.

Fue hasta los 16 años cuando tuvo la oportunidad de ir 8 meses a la escuela y allí aprendió los números, a leer y a escribir un poco.

“Mis padres me necesitaban, éramos una familia grande, fuimos 12 hijos, aunque dos murieron y quedamos 10, todos ayudábamos en el rancho, mi papá sembraba lo necesario para vender. Yo siempre era voluntaria para ayudar, me encantaba sembrar en los campos y cuidar los animales”, relató.

A pesar de no haber estudiado, no se arrepiente de haber ayudado a sus padres, mencionó.

“Yo amo trabajar en el campo y la vida de los ranchos. A los 10 años aprendí a ordeñar vacas. Cuando mi papá me regaló una becerrita, yo la cuidaba, era mi mascota. Cuando mi vaca parió su primer becerro, yo la ordeñaba, era muy graciosos verme tan chica haciéndolo, y mi papá me enseñó a preparar queso para que él lo vendiera”.

Inmigrando a Yakima

“Yo llegué a Yakima en junio de 1990, porque estaba enamorada de este lugar que visité un año antes”, comentó Montes de Oca.

Los primeros cinco años, ella y su esposo trabajaron en la pisca y en las empacadoras, hasta que un día descubrió su pasión al compartir su comida.

“Llevé al trabajo frijolitos, tortillas, una salsa y el queso que siempre hacía para mí, a todos los encantó y comenzaron a hacerme pedidos y pedidos”.

En un principio, como su hermano hacía quesos, ella los vendía. “Mis compañeros me compraban, pero decían que les gustaba más mi queso, yo los preparaba por pedido en las noches después de mi trabajo”, contó.

Sin embargo, un día su hermano llegó con cubetas de leche y le dijo que no fuera “floja” y que prepara sus propios quesos. “Fabriqué mis quesos y me fui a venderlos a la calle, me fue muy bien, y ahí comenzó mi negocio”, dijo.

Quesería Bendita

En el 2000, comenzó a elaborar sus quesos artesanales en su cocina hasta que un día llegó salubridad.

“Un inspector vino a ver cómo los preparaba y se llevó a probar mi queso, regresó y me dijo: ‘usted va a prosperar en este negocio, son muy buenos, pero necesita pasteurizarlos, y él me enseñó hacerlo, y me aconsejó tramitar mi licencia”, dijo Montes de Oca.

El proceso para certificar su negocio fue largo y complicado, explicó. “Mi hija Sandra y yo hemos construido este negocio, como yo no sé manejar, ni hablar inglés, ella iba por todo lo que necesitábamos, pedimos préstamos para comprar el equipo, adaptamos todo según los requisitos, mi hija llenaba formas y hacía los trámites, tuvimos varios problemas, pero Dios nos bendijo y pudimos hacerlo”.

Después de tener todo instalado, se le pidió que buscara un lugar específico para su negocio y encontró el sitio en donde hoy producen y venden “queso panela, fresco, crema y requesón que distribuimos en todo el condado, en otras partes del estado, al norte de Seattle y en Oregon”, explicó.

Una persona de fe

Doña Venedita, como la conocen, ha enfrentado obstáculos, pero los ha vencido con fe, comenta.

“Soy una persona de fe, desde niña mi refugio es Dios, por eso estoy llena de amor para todos.

“Mi vida ha sido siempre trabajo, nunca tengo tiempo para mí, incluso me gusta ser voluntaria en la iglesia. Desde que llegué he estado activa en la Iglesia de San José, eso me ha dado satisfacciones como tener la oportunidad de viajar con los sacerdotes a Tierra Santa, a Roma y otros lugares”.

Está orgullosa de haber ayudado siempre a sus padres y hermanos, luego a sus siete hijos, quienes tienen sus propias familias y han progresado, y quienes le dieron 19 nietos, y estos últimos, 9 bisnietos.

También agradeció haber podido cuidar de su esposo que falleció en 2008, y de sus padres a los que trajo a vivir a Yakima cuando ya estaban mayores y enfermos y a quienes cuidó hasta que fallecieron.

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