Sexual Harassment/Acoso sexual

El Centro de salud y seguridad agrícola en el pacífico noroeste de University of Washington, distribuye tarjetas enmicadas en español e inglés que ofrecen información y recursos a víctimas de acoso sexual y violación con la esperanza de que más trabajadores agrícolas denuncien esos casos.

Gabi es acosada sexualmente casi a diario en la empacadora de fruta en que labora.

Los hombres la miran de arriba a abajo y se humedecen los labios mientras la ven. Le han propuesto tener relaciones sexuales, la han tocado de forma inapropiada y le han dicho que ella tiene la culpa por su “buen cuerpo”.

Sus compañeros de trabajo conversan sobre las partes íntimas de sus compañeras de trabajo sin recato. Cuando las saludan, colocan su dedo índice en sus palmas, como un gesto no tan secreto para imitar el sexo.

“Ellos miran a las mujeres como objetos sexuales, no como mujeres”, dice Gabi. “Mi lugar de trabajo no es seguro”.

En el último mes, la lista de hombres poderosos que acosan y atacan a mujeres ha incrementado. En muchos casos, la credibilidad de las acusaciones dependía de que las mujeres tuvieran riqueza y fama para respaldar su testimonio.

Del otro lado se encuentran los trabajadores agrícolas, que a menudo carecen de poder legal, financiero y social para denunciar el abuso o exigir que los delincuentes asuman las consecuencias.

Pese a los esfuerzos para educar y capacitar a trabajadores agrícolas sobre acoso sexual y sobre cómo denunciarlo, los culpables aún abundan.

Todavía hay mucho trabajo por hacer para que la industria agrícola se compare con otras industrias”, asegura la abogada Blanca Rodríguez del Proyecto de justicia del noroeste (Northwest Justice Project), quien ha litigado varios casos de acoso de trabajadores agrícolas. “Esto se debe a que es más difícil (que denuncien) trabajadores con salarios bajos, debido a su situación económica, a problemas lingüísticos y a aislamiento. Les es más difícil informar y ser tomados en serio una vez que denuncian y perseverar”.

Acoso sexual/Sexual Harrasment Fields

Un dibujo elaborado en una sesión del Proyecto Bienestar (Project Well-Being) en Radio KDNA, en Granger, un programa coordinado por Elizabeth Torres, que se enfoca en informar a mujeres sobre el acoso sexual y su derecho a trabajar en lugares seguros y libres de hostigamiento sexual.

Vulnerables

Expertos locales no cuentan con estadísticas de acoso sexual en la industria agrícola , en parte debido a la renuencia de trabajadores en denunciar. Sin embargo, comentan que muchos factores se combinan para que trabajadores agrícolas sean más vulnerables al acoso.

Los jornaleros pueden estar en campos alejados de la compañía, trabajando en aislamiento. Y en parte, debido a la distancia, puede haber poca supervisión a “mayordomos”, quienes fungen como la cara de la empresa para los recolectores o clasificadores a su cargo, señala Rodríguez. Esos supervisores también reciben poca capacitación sobre cómo administrar efectivamente a los empleados.

Se estima que del 70 al 80 por ciento de trabajadoras agrícolas experimentan algún tipo de acoso sexual dentro de esa industria en su vida y 10 por ciento de trabajadores varones.

Rodríguez relató un caso local en el que un supervisor orinaba frente a los trabajadores de campo y les decía que vinieran y soplaran para secarlo.

“Eso simplemente no sería tolerado en muchos otros lugares, pero es la industria agrícola”, dijo.

Para trabajadores agrícolas que viven de cheque a cheque, especialmente madres solteras, el miedo a perder su trabajo si reportan significa que son simplemente hostigadas, dijo Rodríguez.

E incluso si los trabajadores deciden llevar el caso a los tribunales, “pasarán años antes de que vea algo de valor (resultado legal) y cómo se va a mantener a sí mismo durante ese tiempo”, pregunta.

Es aún más difícil para trabajadores inmigrantes que no tienen estatus legal y temen ser entregados a la inmigración si denuncian abusos, remarca.

Las largas horas que pasan con el mismo grupo de personas también contribuyen a una atmósfera de riesgo, dijo Mike Gempler, director ejecutivo de la Liga de Productores de Washington (Washington Growers League).

Una de las situaciones que más sucede son las aventuras, agregó, incluyendo la idea de tener un “sancho” o “sancha”, es decir, alguien que tiene una esposa en México pero cuenta con una segunda “esposa” mientras trabaja en Estados Unidos.

Cuando ese tipo de relación ocurre entre supervisores y subordinados, crea el potencial para un abuso de poder.

“La gente con cargos necesitan saber que ellos no tienen permitido tener relaciones románticas con subordinados, y eso está escrito, y las compañías tienen la política de acoso sexual y se capacitan sobre esto”, subrayó Gempler.

El hostigamiento sexual entre hombres también ha aumentado recientemente, añade, y la Liga de productores recibió varias quejas en los últimos 18 meses.

Gempler considera que la gran mayoría del acoso entre trabajadores agrícolas se centra en los comentarios sexualmente orientados hacia los demás, como calificar los cuerpos de las mujeres del equipo, en vez del contacto físico no deseado. 

Capacitación

Gempler estima que en el Valle de Yakima hay aproximadamente entre 25 mil y 30 mil trabajadores agrícolas. En la última década, la Liga de productores ha capacitado a alrededor de 4 mil de ellos, afirmó.

Gempler imparte una capacitación de dos horas sobre “Cómo identificar y prevenir el acoso sexual” a productores agrícolas y compañías empacadoras que lo solicitan, así como a miembros de la liga que dirige y a la Asociación de productores de vinos de Washington. El taller está dirigido principalmente a supervisores y administrativos.

El Departamento de Agricultura del estado, por su parte, trabaja en estrecha colaboración con PNASH y recientemente comenzó a fomentar la capacitación sobre acoso sexual como parte de la seguridad laboral.

El departamento no puede proporcionar la capacitación directamente, ya que se centra principalmente en la seguridad al aplicar pesticidas, pero sí asesora a las empresas sobre cómo capacitar mejor a sus trabajadores, dijo Ignacio Márquez, asistente regional del director del departamento.

 Desafío al denunciar

Hace varios meses, Gabi acudió a la policía para reportar a un supervisor que la tomó por la pierna y no la soltó hasta que ella le pidió que no lo hiciera. Le dijeron que si lo vuelve a hacer, irá a la cárcel, dijo.

También contactó a la policía durante un incidente antes, cuando un supervisor le mostró su miembro en el campo, un delito menor en Washington. Esa vez, le dijeron que no había nada que pudieran hacer. Ella optó por dejar ese trabajo en lugar de seguir laborando con él.

“La ley no ayuda”, explica. “Es la palabra del acusado contra la palabra de nosotros”.

Varias organizaciones tratan de crear conciencia en trabajadores sobre los recursos para las víctimas de acoso sexual.

En Granger, el Proyecto bienestar de Radio KDNA, incluye el tema de acoso sexual. La coordinadora, Elizabeth Torres, se enfoca en grupos de mujeres, a quienes les enseña en qué consite el acoso sexual y que es una ofensa que se castiga en EE.UU.

Trabajando con un proyecto University of Washington, ella también distribuye tarjetas laminadas a trabajadores en inglés y español con información y números para denunciar.

La mayoría de las mujeres con las que ha trabajado han experimentado o presenciado acoso sexual, dijo Torres.

La Comisión de derechos humanos del estado, agencia encargada de hacer cumplir la ley que investiga la discriminación en el trabajo, a menudo toma casos de acoso sexual de trabajadores agrícolas, pero hay muchos obstáculos por rebasar.

Pese a que la comisión no pregunta sobre el estatus migratorio, existe el temor de acercarse a una entidad gubernamental y eso mantiene alejados a muchos trabajadores, dijo la analista política Laura Lindstrand. Otros pueden preocuparse por una barrera del idioma, a pesar de que la agencia cuenta con investigadores bilingües.

Los trabajadores agrícolas cambian de una temporada a otra, eso afecta la información de contacto, lo que significa que víctimas y testigos pueden no estar disponibles para seguir presentando una queja, dijo Lindstrand.

Si la comisión puede investigar completamente una queja y descubre que hubo acoso o discriminación, puede imponer sanciones monetarias a la empresa, que a menudo es la única forma de llamar su atención, dijo.

Gempler advierte a empresas que capacita que las demandarán o citarán si no protegen los derechos de los empleados.

“Realmente se necesita explicar a la gente los procedimientos de queja; explicarles cómo pueden quejarse y denunciar de forma segura; y hacerles saber que no se meterán en problemas “, dijo Gempler. “Necesitan sentirse seguros”.

 • Nota: Gabi y este semanario convinieron en que ella permaneciera en el anónimato por protección a su persona.

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