Educar en tercera dimensión

El Bordo de Xochiaca en la Ciudad de México, uno de los tiraderos más grandes del mundo, es una ciudad en sí misma.

Ciudad de México.- Tras una hora de camino, el microbús arriba al Bordo de Xochiaca, en Ciudad Nezahualcóyotl. Ante los pasajeros que miran por la ventana, comienza a hacerse visible todo aquello que, sabían, habría de terminar en algún lado.

"Ni pongan esa cara, recuerden que todo lo que está aquí alguna vez estuvo en sus casas", reconviene la ambientóloga Mónica Castellón ante la reacción de los visitantes. El fuerte olor a basura es lo primero que se percibe.

Los pasajeros -un grupo intencionalmente heterogéneo de muchachos en edad preparatoriana de comunidades indígenas, jóvenes empresarios y ex funcionarios públicos- descienden del vehículo. Sus pies se posan entonces en la última de las muchas capas de desperdicios que dominan el paisaje.

El Bordo de Xochiaca, uno de los tiraderos más grandes del mundo, es una ciudad en sí misma.

Hacia cualquier sitio que uno mire, los desechos pueblan el paraje de hectáreas y hectáreas de basura orgánica, electrodomésticos, peluches, ropa sucia, enseres domésticos, botellas de cerveza, cajas de cartón y aparatos tecnológicos que alguna vez fueron nuevos.

"Yo la llamo 'la zona más oscura de la sociedad'", insiste Castellón.

Desde Paseo de la Reforma, uno de los epicentros comerciales y turísticos de la Ciudad de México, los pasajeros se han trasladado al vertedero de basura para un propósito insólito: asistir a una clase.

Convocados por la organización 3D Education México (3DEd), los ahí congregados han decidido participar en un viaje de 12 horas, con distintas paradas, para aprender sobre los desafíos y problemas a los que se enfrentan las sociedades contemporáneas.

La basura, desde luego, es uno de ellos.

Castellón, una de las guías de este proceso educativo a base de experiencias, expone primero las cifras más desalentadoras: cada día, mil 200 toneladas de basura son depositadas en el Bordo de Xochiaca, todas provenientes de domicilios en la Ciudad de México y el Estado de México.

Cada uno de los presentes, explica, genera alrededor de 35 kilogramos de basura al mes, únicamente de consumo personal. Luego la basura llega al vertedero, se acumula y es separada por manos anónimas todos los días.

"Todo termina aquí", dice la ambientóloga, mientras riega por el suelo una bolsa de basura que representa el consumo mensual de cada uno de los educandos.

En el Bordo de Xochiaca, la lección sobre consumo responsable y conciencia ecológica se aprecia en toda su amplitud.

De entre los desechos, Castellón recoge un teclado de computadora que, en apariencia, se ve funcional. El diseño, manufactura, transporte, uso, desecho y desperdicio de ese objeto de tecnología computacional, explica, tiene un costo total de 500 mil pesos.

Ahora eso hay que multiplicarlo, en la mente, por todo los objetos similares en el tiradero de basura.

"¿Y cuánto cuesta un planeta?", se pregunta. "Ése es el costo secreto del consumo".

Ante la evidencia, la lección se aprende más rápido: el consumo humano está matando al planeta.

Y no será el único aprendizaje del día.

"Bienvenidos a la realidad", es la frase con la que Juan Pablo Ortiz Monasterio, director y fundador de 3D Education, recibe a los pasajeros del microbús que los lleva por el recorrido, en una jornada que va de las 8:00 a 20:00 horas, pero que los llevará más allá del Bordo de Xochiaca.

Además del problema de la basura y la conversación con la ambientóloga, el recorrido contempla, en otros puntos de la Ciudad de México, una entrevista con un estudiante que huyó de la guerra en Siria, teniendo como sede el Monumento a la Paz de Tlatelolco; con un economista especializado en los problemas financieros del futuro, dentro de un asilo de adultos mayores en Tlalpan, y con un etnólogo, que los recibe en el Museo Nacional de Antropología.

Los temas y los sitios buscan provocar en los pasajeros conciencia social, tras experimentar un encontronazo con la realidad.

Conciencia y creatividad

Como regalo de 21 años, el fundador de 3D Education recibió algo poco inusual de parte de su padre, el hoy ex diplomático Luis Ortiz Monasterio: una visita a una prisión de máxima seguridad en Oklahoma, Estados Unidos, para hablar con un condenado a muerte.

"Esa conversación de una hora me cambió la vida", estima ahora el emprendedor.

Tras una estancia de 10 años en China, donde fue profesor en la Universidad de Fudan de la materia de Logística para Compañías, además de impulsar proyectos de turismo cultural, Ortiz Monasterio ha decidido llevar a cabo en México un emprendimiento educativo.

En el fondo de este proyecto está la lección recibida por parte del preso a los 21 años.

"Lo que quiero un poco es replicar esa conciencia que se puede generar donde menos lo pensamos", define.

Constituida como una organización sin fines de lucro, 3D Education ha concebido un modelo de cursos sabatinos que busca, durante un día entero, llevar a un grupo heterogéneo de personas a lugares de aprendizaje inusuales, pero impactantes y transformativos.

Busca, a decir de Ortiz Monasterio, resarcir algunas carencias de la educación escolarizada tradicional.

"La educación, como la conocemos ahora, realmente no es educación, es entrenamiento; te entrenan para ser abogado, te entrenan para ser arquitecto, pero faltan dos componentes cruciales para que realmente sea educación: conciencia y creatividad", detalla.

En el primer recorrido piloto, llevado a cabo el pasado 28 de julio, los temas abordados fueron el inminente problema ecológico mundial, la precarización de la vejez mexicana, las consecuencias humanas de la guerra y la enseñanza ancestral de los pueblos indígenas, generalmente soslayados por la sociedad.

"El hilo conductor es 'conciencia global'", explica Ortiz Monasterio.

"Lo que queremos es generar conciencia, pero de 360 grados. No queremos que nada más seas un ambientalista, no queremos que nada más seas alguien que aboga por los derechos humanos de los presos, o que vaya a ayudar a la gente de la tercera edad; queremos que seas todo eso", abunda.

Antes de la lección de Castellón en el Bordo de Xochiaca, la primera parada del microbús -elegido como vehículo por su vínculo social- es en el Monumento por la Paz de Tlatelolco.

Ahí, el estudiante sirio Karam Darwish, uno de los beneficiarios de la iniciativa humanitaria Proyecto Habesha, relata los motivos que lo forzaron a salir de su país natal para buscar continuar sus estudios en México.

"La verdad, perdimos todo", cuenta ante el monumento antibélico que condena los bombardeos estadounidenses en Hiroshima y Nagasaki.

"De mi familia y mis amigos han muerto al menos 11 personas. Tengo familiares heridos y gente que quiero mucho, pero de la que no puedo saber nada porque la guerra nos separó", relata Darwish.

Como estudiante de la Universidad Iberoamericana, ha logrado dejar atrás los bombardeos constantes, las muertes de civiles inocentes y las penurias del viaje a un país desconocido. Aquí se siente en casa.

"Yo quiero mucho a Siria y no quito esas raíces. La naturaleza, o la vida, puso otras raíces de México también, porque yo a México lo quiero mucho", dice al grupo con buen español.

Y la lección: "A veces no apreciamos las cosas que tenemos hasta perderlas".

En el asilo de ancianos San Judas Tadeo, en Tlalpan, el economista Fernando Miño habla sobre cómo la pirámide poblacional, al invertirse, hará insostenible que, en el futuro, el Estado mexicano pueda otorgar pensiones dignas a los adultos mayores, destacando así la importancia del ahorro.

Unos minutos de convivencia con los inquilinos del lugar buscan crear conciencia sobre la tercera edad y las precariedades que deberán evitarse.

En la última parada, el director de Etnografía del Museo Nacional de Antropología, Arturo Gómez, refiere al grupo, desde el recinto que mejor lo muestra, sobre la vigencia de la producción intelectual de los pueblos indígenas de Mesoamérica.

Con la puesta en marcha del proyecto, se incluirá también una visita a una cárcel para aprender de la experiencia de los presos.

La intención es que el grupo, como el de la prueba piloto, sea tan diverso como sea posible.

"Tener grupos que tengan estudiantes, servidores públicos, gente que trabaja en compañías transnacionales, todos en el mismo grupo para que no nada más se genere conciencia, sino que, al final, cuando todos estemos platicando, salgan ideas de diferentes perspectivas", planeta Ortiz Monasterio.

Al término de la jornada, todos los participantes se reúnen para dialogar sobre sus experiencias y proponer proyectos colectivos de mejora.

Con el paso de los cursos, 3D Education recopilará la información de las propuestas y dará un estímulo económico a la más inventiva.

El curso sabatino, cuyo costo es mil 995 pesos, se ofrecerá a empresas, instancias educativas y de gobierno, y a los particulares que busquen la experiencia.

"Queremos romper con el esquema del pasado de que tienes que tener una calificación", declara Ortiz Monasterio sobre esta nueva apuesta educativa.

La intención, ahonda, es que cada persona termine su recorrido en el microbús siendo alguien distinto a quien lo abordó en un principio. Para ello, no hay calificación numérica que valga.

Tome nota si viaja a la Ciudad de México

3D Education es una organización sin fines de lucro que busca generar conciencia ciudadana al exponer a grupos de personas a experiencias del mundo real y así forjar, contundentemente, las aptitudes necesarias para los ciudadanos del Siglo XXI.

Costo del curso: 1,995 pesos (105 dólares aproximadamente, dependiendo del tipo de cambio)

Información e inscripciones: https://3deducation-mexico.org/

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