Las mentiras conmueven

Para el poeta Zakarías Zafra, el valor de las palabras se debilita cada vez que se las usa como simples utensilios de transmisión de mensajes y se descuida su dimensión simbólica para construir realidades.

Las elecciones las ganan las palabras, pues en las urnas se vota por un discurso u otro, explica Zakarías Zafra, un poeta que analiza la política en función de las palabras. Dice que los políticos son como DJ's, sugiere cómo combatir el discurso de odio y regala la mejor forma para sobrevivir al 2018.

¿Qué vale la palabra de un político?

El precio que impone el mercado de las encuestas.

¿En qué momento le perdimos el respeto, el valor, a las palabras?

El valor de las palabras se debilita cada vez que se las usa como simples utensilios de transmisión de mensajes y se descuida su dimensión simbólica para construir realidades. "Perder el respeto" me parece una frase peligrosa. Más que respeto, creo que hay que tener intimidad con las palabras. El respeto las aleja, las convierte en pedestales, y ahí, otra vez, se montan como estatuas, inalcanzables: Patria, Honor, Gloria, Pueblo, etcétera.

¿Se ganan elecciones con discursos?

Por supuesto. Y Venezuela es un claro ejemplo. Desde la madrugada del 4 de febrero de 1992 -cuando Hugo Chávez apareció en TV después del fallido golpe de Estado- hasta la noche del sábado 8 de diciembre de 2012 -cuando dio su última alocución al país-, se construyó una gran épica discursiva que sostuvo y sostiene al chavismo en el poder. Un gran bla-bla-blá heroico, hecho de palabras resemantizadas, desmemoriadas y monopolizadas por un programa de gobierno. Las elecciones son también votaciones de discursos.

¿Qué hace que un político logre conectar con el electorado a través de sus palabras?

La capacidad de reconocer -y replicar verbalmente- los esquemas aspiracionales de la gente, el saber distinguir y reusar los patrones que guían las conversaciones públicas; una intuición para captar inquietudes populares y, en fin, una destreza para leer y reescribir las agendas comunes de la ciudadanía. Suena conspirativo, pero el político es un actor que compone y recompone su propio discurso a partir del output de las encuestas. En ese sentido, el político es un predicador y un DJ: intuye lo que la gente quiere escuchar y, en plan de agente ex-auditu, lo va poniendo en palabras.

¿Por qué es más fácil gritar "build the wall" que proponer una política coherente de inmigración?

Porque los discursos de negación al diferente, al extraño, son en el fondo más cómodos. La tolerancia es exigente. Requiere conocer, aceptar, incorporar prácticas, identidades, símbolos que muchas veces sacuden los propios. Antes de desmontar prejuicios y de emprender el trabajo "agotador" de entender la diferencia, resulta más fácil amurallarse. La ficción de un muro, al final, parece más redituable que una promesa de pedagogía social. Además, "protegerse de los otros" genera votos.

¿Te asustan los discursos que ves en México?

Estoy todavía muy asustado por los discursos que veo en Venezuela. Aún no sé cómo distribuir ese miedo.

¿A dónde nos lleva el discurso del odio?

A la más eficaz de las estrategias de confrontación: la ceguera emocional.

¿Por qué es tan efectivo?

Porque no reclama su poder sobre un solo odio. Opera por acumulación de malestares, resentimientos y frustraciones ancladas en distintos lugares de la experiencia individual. Cada quien tiene pequeñas formas de odio que terminan alquimizadas en un odio conducido por el discurso. Es la herida particular inscrita en el programa del odio discursivo. Un odio que es enseñado a odiar.

¿Qué le hace el poder a la palabra?

La vacía, la desmemoria, le purga la sustancia. Podría parecerse al robo de una casa: la fachada -el significante- queda intacta, pero todo el interior -el significado- fue desocupado.

Dijiste "nos dieron patria y nos robaron un país", ¿a qué te refieres?

Justamente a esa operación de secuestro de la palabra. De pronto la patria se convirtió en el espacio particular de un sector de la población de Venezuela que compartía las ideas del chavismo. Todos los que de alguna u otra forma lo adversábamos, quedamos fuera de esa patria. Con palabras como apátridas, traidores, fuimos expulsados de ese orden y de esa "tierra prometida" que siempre estaba en remodelación. El país, entonces, entendido como la suma de diversidades y divergencias, desapareció para darle lugar a ese sustantivo gigante en sonoridad pero reducido en acceso.

¿Nos gusta que nos engañen? A veces las elecciones parecen una obra de teatro en la que el público ya sabe que lo están engañando, pero igual se emociona.

Porque la emocionalidad tiende a alimentarse, si no de engaños, sí de acomodos a su propia lógica. La emocionalidad busca sentir, no entender. Y, a veces, las mentiras conmueven más.

¿Cuál puede ser nuestra defensa ante el discurso político?

Yo diría que ejercitar la curiosidad y la duda. No subordinarse de entrada al discurso que, por cualquier razón, nos es más afín. Andar con cautela pasa también por intentar desarmar -al menos provisionalmente- lo que se escucha: quién lo dice, por qué y desde dónde lo dice. Y sobre todo hablar, conversar, hacerse de un habla propia, íntima, capaz de establecer vínculos personales, lejos de las grandes palabras de la politiquería.

Define la democracia en 140 caracteres.

Un sistema de divergencias que converjan para garantizar la divergencia. Un régimen donde las minorías varíen y las mayorías se equivoquen de vez en cuando.

¿Qué es hoy el populismo?

El populismo es el gran entertainer de nuestra época. No sólo es la gran vedette, sino el principal espectador de nuestro show de inmadurez política.

¿Cuál fue la primera palabra que aprendiste?

Me encantaría decirte que temporalidad, proporción o pérdida, pero supongo que fue mamá, Celina, o una construcción más económica: tete.

¿Cuál es tu favorita?

Herida.

¿Cuáles quieres que sean tus últimas palabras?

"Lo intenté, ¿verdad?".

¿Cuál es hoy tu patria?

María Zambrano decía que la patria no es aquello que se deja atrás, sino algo que se trae consigo. Eso les da pie a algunas intuiciones. Mi patria está buscando lugar en la memoria y en el cuerpo. Tengo un país íntimo en traslado.

¿Qué es resistir con palabras?

Hacerse de un habla propia, no calcada de la agenda del poder. Es intentar renombrar las cosas con la exactitud de lo cotidiano. Frente a patria, casa; frente a pueblo, gente; frente a Revolución, construcción; frente a Victoria, trabajo... y así.

Dame dos palabras para sobrevivir al 2018.

Conversación y contraste.

Una duda, poeta: ¿en el amor quién tiene la última palabra?

Supongo que quien pide el taxi.

Cinco datos

1. Es escritor editor y músico nacido en Venezuela, en 1987.

2. Tiene publicados tres poemarios y un libro de cuentos.

3. Tiene una maestría en Literatura Latinoamericana por la Universidad Cervantes, de España.

4. Participó en la conferencia TEDx Paseo Santa Lucía con "Palabras para resistir".

5. Es uno de los 34 autores jóvenes seleccionados para la antología Nuevo país de letras, de Venezuela.

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