A la fecha, Meals-on-Wheels provee alimentos a 500 personas en todo 
el condado, el 7 por ciento de éstas hablan español y muchos no saben 
que estos programas existen, dice su directora, Lorena Fernández

Meals on Wheels

José Ávila come dentro del comedor del Centro comunitario Henry Beauchamp (Henry Beauchamp Community Center), en Yakima, el lunes, 30 de octubre de 2017.

Ávila es una de las 300 personas que recibe este servicio a través de Meals-on-Wheels y uno de los 500 que obtuvieron un kit de comidas de emergencia para el invierno mediante una subvención.

José de Jesús Ávila sale a comer fuera todos los días. Varios pensaran que este es un hábito que lo podría dejar en bancarrota, pero la verdad es que él no paga por las comidas que disfruta.

De lunes a viernes, se alista para dejar su casa cerca de las 11 de la mañana. Su plan: reunirse con amigos, degustar menús saludables, conversar, y de vez en cuando, convivir con ellos con algún juego de mesa.

Ávila está inscrito en el programa de comedores de Comidas sobre Ruedas (Meals-on-Wheels) del condado de Yakima, y acude al Centro comunitario Henry Beauchamp durante la semana para recibir el servicio.

A sus de 84 años de edad, ya no puede cocinar mucho por sí mismo y menos cuidar a detalle el tipo de alimentos de su dieta alimentaria, por eso confía en la nutricionista que planifica los guisos que le sirven.

“Es comida buena para nosotros, está hecha al vapor y no tiene aceite”, dice este residente de Yakima.

Hace casi tres años le diagnosticaron diabetes tipo 2, presión y colesterol altos. Desde entonces asiste al comedor del centro comunitario. “La comida está caliente, buena y sabrosa”, comenta.

Como las otras 300 personas de la tercera edad que comen en comedores similares, Ávila tiene la oportunidad de probar platillos de las cocinas americana y mexicana. Y como mexicano, se deleita con los guisos que le recuerdan su país de origen.

¿Y los fines de semana? Los sábados y domingos, Ávila guisa algo sencillo y también sale a degustar uno que otro platillo fuera de su hogar.

Kits de comidas 
de emergencias

En caso de una emergencia- falta de electricidad, agua o nieve excesiva- él cuenta con una caja de comidas de emergencia para cinco días.

Estos alimentos los recibió este año por primera vez y le agrada la idea de tenerlos en casa, sobre todo para la época de invierno, ya que el año pasado no pudo ir a comer al centro por las tormentas de nieve en Yakima.

Estas cajas de cartón, empacadas con productos no perecederos, sin necesidad de ser refrigerados y listos para comerse con sólo abrilos, fueron distribuidos hace unas semanas por personal y voluntarios de Meals-on-Wheels.

“El proposito es que los abran en caso de una emergencia…puedan comerlos de la lata o del empaque”, explica Lorena Fernández, directora general de Meals-on Wheels, un programa adjunto a People for People.

Los kits de comidas de emergencia, otorgados a 500 personas -300 de comedores y 200 de comidas a domicilio- en todo el valle, fueron adquiridos a través de un financiamiento del departamento de Servicios para personas de la tercera edad y con discapacidades en el estado de Washington (Washington State Aging and Disability Services), afirma Fernández.

“Durante la temporada de invierno (2016), cerramos 5 días porque nuestros cocineros no pudieron llegar al trabajo. Hubiera sido bueno tenerlos el año pasado”, comenta.

Meals on Wheels

José Ávila disfruta de la compañía de amigos en el comedor del Centro comunitario Henry Beauchamp (Henry Beauchamp Community Center), en Yakima, el lunes, 30 de octubre de 2017.

Ávila es una de las 300 personas que recibe comidas a través de Meals-on-Wheels y uno de los 500 que obtuvieron un kit de comidas de emergencia para el invierno mediante una subvención.

Comidas en casa

Hay otros menos afortunados que Jesús Ávila, que no pueden abandonar sus hogares. Para ellos existe la entrega de comidas a domicilio. “Servimos comidas a personas de la tercera edad que se encuentran en casa, que no pueden ir a los comedores; que están enfermas, tuvieron una cirugía o tal vez están en un tratamiento de cáncer y no pueden cocinar su propia comida”, relata Fernández.

En este programa, personal y voluntarios, llevan comidas calientes hasta la puerta de los beneficiarios. Alrededor de 100 personas, que habitan entre los límites de Yakima y Union Gap, reciben comida de esta manera.

Cada año, Meals-on-Wheels destina cerca de 650 mil dólares en sus programas de comedores, comidas calientes a domicilio, congeladas -que recogen familiares de beneficiarios una vez por semana- y de alimentos para mascotas.

El monto “paga por todo, alimentos, personal de oficina y de comida, renta de oficinas y de cocinas en los centro comunitarios” informa Fernández, mientras destaca que el voluntariado es una parte fundamental para que sus servicios lleguen a su destino.

Meals-on-Wheels no es sólo distribución de comidas, dice su directora, se enfoca también en el cuidado de las personas.

“En las comidas domicilarias, los conductors se aseguran que las personas estén bien. Ellos velan por su seguridad y por su bienestar”, asegura.

Si alguien no “se ve bien”, llaman a su contacto. En casos de emergencia, aún pueden comunicarse con el 9-1-1, comenta Fernández.

Además, entran en acción si descubren que los adultos mayores tienen otras necesidades. “Los conectamos con recursos comunitarios, algunos necesitan rampas, viajar para citas del doctor, cuidado personal…”.

Actualmente, el servicio de comidas calientes a domicilio sólo se realiza en la zona conurbada de Yakima. El objetivo es que éste se expanda al Valle Bajo, sin embargo, por falta de voluntarios esto no se ha concretado.

En su lugar, parientes de quienes necesitan alimentos elaborados en sus casas, visitan las oficinas de Meals-on-Wheels en Union Gap para obtener una dotación de comidas congeladas para una semana, una para cada día.

Socializar y hacer amigos

A la fecha, Meals-on-Wheels provee alimentos a 500 personas en todo el condado, el 7 por ciento de éstas hablan español y muchos no saben que estos programas existen, dice Fernández.

La meta es llegar todos aquellos que permanecen en sus casas, ya sea porque sus familiares trabajan o porque se han quedado solos.

“Cuando voy a México veo a las personas de la tercera edad que socializan, salen...”, reseña Fernández. Eso es lo que hace falta en este país, agrega, que las personas mayores socializen, hagan amigos y combatan la depresión que les acarrea enfermedades crónicas, apunta.

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