La enfermedad coronaria aun constituye la principal causa de mortalidad en Estados Unidos, aunque en los últimos años la sobrevivencia y discapacidad tras un ataque al corazón han mejorado de forma significativa gracias a nuevos medicamentos o tecnología avanzada, y al diagnóstico y tratamiento inmediatos.

La obstrucción total y súbita de la arteria coronaria suele manifestarse como una molestia intensa en el pecho descrita por muchos como “dolor, sensación de aprieto/pesadez” asociados con dificultad para respirar, sudoración, mareos, nausea/ vómitos. Este malestar puede irradiarse al cuello, espalda o brazos. Muchos pacientes pueden presentar solo sensación de fatiga o indigestión. Algunos pueden manifestar solo una molestia aislada en el cuello/mandíbula o brazo. Desafortunamente, otros pueden experimentar la muerte súbita.

El diagnóstico del infarto de miocardio se basa en los síntomas descritos anteriormente, cambios en el electrocardiograma y análisis de laboratorio con evidencia de daño del tejido cardíaco. La obstrucción total de las arterias coronarias causa elevación del segmento ST en el electrocardiograma y la meta es quitar las obstrucciones (revascularización) en menos de 120 minutos desde el primer contacto con el 911.

A medida que transcurre el tiempo, el músculo cardíaco sin irrigación sanguínea sufre mayor daño, lo que puede derivar en su muerte o necrosis (infarto), el cual es irreversible. Por lo tanto, “tiempo es músculo” en el tratamiento del infarto de miocardio. Cuanto más pronto se recanaliza la arteria coronaria, mayor será el músculo cardíaco que se recupera.

El diagnóstico tardío del infarto de miocardio lamentablemente contribuye al desarrollo de complicaciones que limitarán la recuperación completa de la capacidad funcional de la persona. La pérdida de masa muscular cardíaca disminuye su capacidad de bombeo, el cual se conoce como insuficiencia cardíaca o en el caso más severo como el ‘shock’ cardiogénico. El músculo infartado puede perforarse con fuga de sangre al exterior del corazón produciendo taponamiento cardíaco. El compromiso del sistema eléctrico puede producir bloqueos que podrían requerir la implantación de un marcapasos. Asimismo, los desarrollos de arritmias ventriculares causarán la muerte súbita.

Si usted experimenta angina de pecho y tiene factores de riesgo de enfermedad coronaria, no demore en solicitar una evaluación con su médico familiar o cardiólogo. Los factores de riesgo más comunes asociados a la enfermedad coronaria son: presión alta, diabetes, colesterol alto, obesidad, consumo de tabaco, consumo insuficiente de frutas y vegetales, falta de ejercicio, consumo de alcohol y drogas ilícitas, estrés psicosocial e historia familiar de enfermedad coronaria prematura.

El tratamiento del infarto de miocardio incluye medicamentos y procedimientos de revascularización con ‘stents coronarios’ (resortes diminutos que al expandirse mantienen las arterias abiertas) y la cirugía de corazón abierto conocida como el bypass coronario.

 

Dr. Oscar Bailón, cardiólogo general, y Dr. Roberto Amado-Cattaneo, cirujano de corazón y tórax laboran en el Instituto del Corazón de Astria. Su columna representa su opinión y no necesariamente la de El Sol de Yakima.

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