Hace unos días un documental de la Península de Yucatán, México, me transportó a ese lugar. Sí, ese sitio paradísiaco, conocido por sus blancas arenas y hermosos tonos azules del mar, donde viví hace más de veinte años.

Como entonces, observé que los mayas siguen hablando su lengua, continúan con su mismo estilo de vida y muestran con orgullo su cultura.

Ver esto en realidad no fue una novedad, solo me recordó a la gente que conocí. Cuando estuve allá fui testigo de familias enteras, desde abuelos, padres, hijos y nietos que hablaban maya. Como yo no hablaba maya, un contador bilingüe -en español y maya- me ayudaba como intérprete. Él también leía maya, y en ocasiones, le pedí que me ayudara con sus dotes de lectura.

Crecí en una zona donde escuché el otomí, pero nunca me enseñaron esa lengua. Como se imaginarán, el otomí se perdió. Así que cuando vi a gente tan dispuesta en preservar el maya y su cultura, tuve la curiosidad de preguntar si pensaban dejar de enseñar su lengua a las futuras generaciones, su respuesta fue simple y clara: ‘no’.

Los mayas son un pueblo orgulloso de sus raíces. Aún con la presión de aprender español para comunicarse con el resto de la población y para asistir a la escuela, han sabido resistir porque saben que su lengua es parte de su esencia. Puedo decirles que no conocí a alguien que se avergonzara de hablar maya. Al contrario, tuve que aprender una que otra frase para conversar con ellos. Ah, pero no me pregunten, ya casi todo se me olvidó.

En Yakima veo una historia diferente, con frecuencia conozco a padres que no hablan español con sus hijos o a hijos que prefieren no aprenderlo. Todos, pienso, tienen razones válidas: los niños aprenden inglés en la escuela, deben saber inglés al comenzar preescolar, en este país se habla inglés, los padres hablan mejor inglés que español, se habla inglés en la casa, así no los ofenden, no los discriminan, entre muchas razones.

Pero pregunte a un joven que trabaja en el condado de Yakima si esas pláticas o lecciones de español le hacen falta ahora. Hace unos días, una cajera en una tienda departamental no pudo terminar una transacción, vio a su compañera y le dijo ‘necesito a alguien que hable español, no sé español’. Le pregunté que era lo que quería comunicar a su cliente, me respondió que necesitaba decirle el total de su compra. La joven parecía inteligente y capaz de aprender no solo español, sino más idiomas.

Así que hoy -como alguien me aconsejó alguna vez- sugiero a los padres que hablen español con sus hijos. No les pido que no aprendan inglés, al contrario, por favor háganlo, eso les ayudará a ustedes y a sus hijos. Sin embargo, traten de que sus hijos aprendan su lengua materna. La lengua, además de ser parte de la identidad del ser humano, otorga muchas ventajas a los jóvenes en este país.

No se preocupe por quienes dicen que el cerebro no puede aprender tantos lenguajes. De hecho, estudios científicos prueban que los niños aprenden idiomas como cualquier otra destreza, dice la Asociación Estadounidense de Audición del Habla y el Lenguaje.

Aprender una segunda lengua es un regalo para los hijos. Permítales ser bilingües o trilingües, sigamos el ejemplo de los europeos, que hablan varios idiomas, y de los mayas, que hablan su lengua. Nada nos quita aprender más. ¿Usted qué piensa?

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